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Trabajando en remoto: Retrospectiva de un año

Hace ya poco más de un año que comencé a trabajar de manera totalmente remota y hace ya tiempo que llevo queriendo escribir una entrada así. Siempre que alguien se entera de mi situación, alguien suelta una frase del tipo: ¡Ala que suerte!

Recientemente, mi tocayo compartió un tweet en el que enlazaba a un blog que hablaba de esto mismo, así que esto me ha supuesto el último empujoncito para animarme a escribir la entrada.

Lo que esto no es

Ya hay muchos artículos por ahí, tanto en castellano como en inglés, en los que se comparten estrategias sobre cómo comunicarte o cómo repartirte el tiempo de manera adecuada. Te recomiendo que le eches un ojo al artículo mencionado anteriormente para encontrar varios recursos al respecto.

Lo que yo no pude encontrar antes de dar el salto es cómo lidiar con el primer eslabón de la cadena del trabajo remoto: tú mismo.

Así que, este no es un artículo en el que te cuente porqué deberías ser remoto (quizá no tengas la opción), porqué ser remoto es lo mejor que te ha podido pasar. Esto es simplemente un manifiesto propio, confesando las cosas a las que me he enfrentado al trabajar de manera remota y cómo las solucioné.

Primero: ¿Por qué hacerse remoto?

Cada uno puede tener sus propios motivos, pero aquí van los míos. Tras estar 1 año y medio trabajando en el centro de Londres, pude sentir lo horroroso que era ir a trabajar. Y no por trabajar, si no el propio hecho de ir. Haciendo unas cuentas rápidas, perdía unas dos horas al día. Dos, horas. Horas que podía aprovechar con mis hijas, horas que podría aprovechar trabajando o cuidando de mi jardín. Te haces a la idea. No obstante, algo despertó en mi cuando nació mi segunda hija. Necesitaba un cambio.

Me gustaría destacar que no hay dos trabajadores remotos iguales. Conozco alguno que trabaja en otro país y que disfruta de deportes de riesgo tres días a la semana y trabaja los otros cuatro. Cada uno tiene sus necesidades, metodologías de trabajo y sobre todo, distintos puntos de vista a la hora de enfrentarse a estas situaciones.

Dados todos los problemas con los que el trabajo remoto te puede sorprender, de los que hablaré en breve, deberías preguntarte primero lo siguiente. Por favor, responde tan sincero como puedas:

¿Por qué quiero hacerme remoto?

Para cada uno, el motivo es diferente. Quizá te gustaría trabajar desde la cama, otros quieren viajar y trabajan cada mes en un sitio diferente. ¿Y tú?

Una vez que sepas el motivo, deberías descubrir qué es lo que te asusta de dar el salto porque he aquí el truco: El trabajo remoto se convierte en lo que tú quieras que sea, pero también en lo que tú dejas que se convierta.

El trabajo remoto no es algo pasivo. Es algo que rápidamente se convierte en un mundo de dudas continuas, soledad y culpabilidad.

Poco a poco

Cuando comienzas a trabajar desde casa, una de estas dos cosas es probable que te ocurran: o bien quieres probarte a ti mismo y a tu equipo que puedes llevar este estilo de vida con honor y por tanto no paras de trabajar en todo el día; o... quizá te distraigas demasiado con tu entorno familiar y no terminas de hacer nada.

Si tienes un poco de disciplina (eso espero) es probable que lo primero te ocurra. Yo me encontraba más cansado que trabajando en la oficina, al menos durante las dos primeras semanas. Es normal, es síntoma de que te preocupas por tu trabajo y crucial a la hora de hacer las cosas bien. Pero hace falta algo de responsabilidad para no dejar que te absorba toda la energía en poco tiempo.

En el equilibrio está la virtud

Es probable que hayas oído esto de otras personas: "¡Soy tan productiv@ en los días en los que trabajo desde casa!".

Lo cual no deja de ser cierto y no lo voy a discutir. Pero intenta trabajar 7 u 8 horas sin descansos y en pocos días te sentirás desmotivado y cansado. Cuando empecé a trabajar de manera remota, en mi mente mis compañeros de trabajo estaban trabajando en todo momento, constantemente, cada, minuto, sin, ningún, descanso.

Esto me hacía sentir culpable si paraba de trabajar 20 minutos. En una oficina, es lo equivalente a ir a por agua y charlar con alguien por el camino, lo cual es un descanso saludable y necesario cada pocas horas.

Tanto si decides trabajar desde tu dormitorio, una oficina de co-working o un Starbucks, es importante ser estrictos con los descansos. Y quizá es lo que más me ha costado y le cuesta a la gente que trabaja por su cuenta; te preocupa que si te ven ausente o desconectado vayan a pensar que llevas así horas.

No obstante, para tomarte los descansos, debes sentirte cómodo con lo que sea que estás haciendo en tus horas de trabajo. Si no lo estás, cámbialo y haz algo que te haga sentir cómodo. Hazles saber a tus compañeros que has salido un momento, pero no dejes de descansar o salir a caminar 10 minutos si lo necesitas.

Y esto me lleva a...

Salud mental y física

Trabajar en remoto puede ser tu mejor amigo o tu peor enemigo en lo que se refiere a la salud. Quiero destacar lo importante de tener fuerza de voluntad para establecer hábitos buenos y saludables cuando no tienes una oficina a tu alrededor.

Veamos algunos de los pensamientos que atacan a veces:

"¿Para qué me voy a vestir si puedo trabajar desde el sofá?"

"A la mierda, hoy me lo tomo de relax"

"Llueve... me quedaré dentro"

"Ya saldré cuando termine el trabajo"

Incluso aunque seas como yo que no haces ejercicio a propósito, hay cierto beneficio en caminar un poco al trabajo, o coger el coche y luego ir hacia la oficina. Cuando todo eso se convierte en ir del salón a la cocina a por una manzana, puede que tengas un problema. Por supuesto, esto puede no ser un problema si mantienes tus rutinas de ejercicios habituales, pero salir de casa a correr o dar un paseo tras un día en pijama no es tan fácil como cuando llegas de un día de trabajo, dado que ya estarías en movimiento.

Personalmente no soy muy activo físicamente pero siempre me ha gustado mucho caminar y es algo que echaba en falta por lo que por ese y otros motivos, me hice con un perro que me obliga a salir a darle un paseo varias veces al día.

El ejercicio te mantiene cuerdo, en forma y hace que te sientas bien. Sea del tipo que sea, ¡haz algo!

Forever alone

Para mi quizá sea la parte más difícil de hablar y por lo que he leído, no estoy solo en este aspecto (ironías de la vida).

No importa si tus compañeros eran buenos amigos o tan solo conocidos: tener interacción humana es algo esencial para una vida normal. Si lo quitamos de la ecuación, nos convertimos en máquinas de trabajar. Obviamente, cada uno es un mundo aparte: puede que tengas familia/pareja en casa, o compartas co-working con otras personas, etc.

Si es así, ¡fantástico!

No es que yo sea de las personas más sociales del universo y, ciertamente, ayuda tener a mi mujer en casa y a mi hija pequeña, cuando me tomo un respiro, siempre puedo jugar 5 minutos con ella y volver a subir. No obstante, a veces me sentía desconectado de la oficina.

Por suerte, el hacer una llamada rápida por Hangouts con algún compañero que necesita que le expliques algo y/o reuniones puntuales, ayudan a mitigar todo esto.

Después de un año, he aprendido a equilibrar la vida en casa y el trabajo en casa. Lo mejor es que si una semana tengo que irme a otra ciudad para visitar a un familiar enfermo, no tiene porqué significar que es una semana de vacaciones, el trabajo va contigo.

No sé a vosotros pero a mi me hizo centrarme en las experiencias de la vida con las personas y mi entorno en vez de estar limitado por una oficina.

Si todo esto te asusta, recuerda que también puedes trabajar desde la cama. Y es totalmente aceptable.

Programador Front-end en First + Third y Potato. Trabajando con JavaScript y HTML5 desde el corazón de Sevilla.

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